“La obligación social de las compañías no es solamente adherir a las políticas de gobierno que tratarán de ir corrigiendo la inequidad; también tenemos que ser actores. Si no, el cambio social nos va a pasar por encima”.

Mucho gusto, muchas gracias por la invitación, Santiago.

Cuando me invitan a esta reunión mi primera reflexión es la de efectuar una autocrítica y mirar cómo encajamos como compañía dentro de las referencias que manda el código de gobernanza. No creo que sea el aporte más valioso que uno pueda hacer, porque de hecho esto puede encontrarse dentro de un stock de información pública o cuasi pública que entregamos en forma permanente. Me pareció un poco más valioso hacer un análisis desde otra perspectiva, una perspectiva histórica de cómo nosotros hemos ido viviendo nuestra adaptación a este mundo de la gobernanza corporativa.

Tomé tres puntos referenciales que la norma marca muy precisamente y no porque sean los más importantes, sino porque son bastante ejemplificadores. Por un lado la creación de valor: como organización, nosotros participamos dentro de la perspectiva de la creación de valor. El segundo punto sería la transparencia, que considero un tema fundamental. Y, el tercero, sería nuestra participación en el balance social. Para hablar de estos puntos me gustaría ir desde el pasado hacia el futuro.

Cada uno observa desde su propia historia, no solamente desde la historia general. Nuestro caso es el de una compañía de estructura fundamentalmente familiar. Es una tercera generación.

En el pasado vivimos intensamente este desafío de creación de valor con un concepto que fue evolucionando. Nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros mismos, hasta no hace tantos años, considerábamos que nuestro rol en la creación de valor pasaba fundamentalmente por mejorar la ecuación de lo que uno llamaba renta operacional.

Nosotros éramos productores de bienes y teníamos que tener una compañía que genere esos bienes de la manera más eficiente posible. En definitiva, lo que generalmente se seguía era un análisis de la renta de ese negocio. Todos los años mirábamos nuestro balance, nuestro cuadro de resultados, sacábamos conclusiones de cómo estábamos frente a nuestra competencia y tomábamos decisiones que pasaban mucho por lo operativo y algo por lo estratégico, pero esencialmente por lo operativo.

Creo que la evolución de este pasado ha sido gigantesca, porque de lo que nos vamos dando cuenta, a esta altura de nuestra vida y con un concepto más filosófico que económico, es que hemos pasado del mundo de las cosas al mundo de las ideas. Hoy la renta operacional, por lo general, no es el espejo donde nos miramos. Nosotros, lo que miramos es la posibilidad de creación de valor a partir de propuestas distintas a la renta operacional.

Hasta no hace muchos años la cosa evolucionó hacia la ganancia de capital. Las empresas empezaron a mirar cómo podían exhibirse al público mediante propuestas diferentes, que no tenían que ver tanto con su resultado operativo, sino con cómo podían demostrar que se podía ganar capital de una manera algo distinta. Ahí es donde empezamos a entrar fuertemente en el mundo de las ideas.  Hoy lo que valen son las ideas y no solamente en el mundo económico puro. El arte, que es una disciplina totalmente diferente, muestra que no solo existe la creación artística completa, física, sino que existe la valuación de la idea. Creo que esto es una revolución importante y fundamental en el desarrollo de la humanidad y nuestra cultura.

El desafío va a pasar por lograr que nuestras organizaciones empiecen a tener un respeto mucho más profundo por las ideas y que las miren desde un ángulo distinto a donde se mira el trabajo de todos los días, la labor cotidiana. Si logramos revisar este esfuerzo vamos a ser exitosos y respetados por la comunidad.

El segundo tema, que es el de la transparencia, tiene que ver mucho con el presente. Sobre todo con el presenta en Argentina. El país vive un momento particular en este aspecto, estamos viviendo un proceso inédito con un sinceramiento fiscal que seguramente nos va a llamar la atención en un plazo de tiempo muy, muy breve.

Es importante entender que esto no tiene que ver con un fenómeno de tipo local o regional. Esto es algo que viene de bastante tiempo atrás y se está plasmando en la Argentina en este momento y va a ser un fenómeno universal. Las normas de la gobernanza corporativa sobre este tema son muy concretas. Pero en este caso no se va a tratar de la voluntad de acogerse o no a las recomendaciones del caso. El mundo va inexorablemente a un nivel de transparencia distinto al que estamos acostumbrados a vivir.

Hoy todavía nos preguntamos como inversores u operadores del mercado dentro de la administración de las empresas que nosotros operamos si tenemos opciones de dónde colocarnos. Es cierto, todavía en términos geográficos y económicos existe un mundo OCDE y un mundo FATCA. A veces pensamos si eso nos da una libertad adicional, el elegir hacia dónde nos dirigimos o dónde nos ubicamos.

Algunos todavía tienen la esperanza de que más allá del mundo OCDE y más allá del mundo FATCA, exista algún mundo mágico donde manejar de una manera diferente sin necesidad de exhibirlo.

Nosotros tenemos una visión bastante concreta sobre este tema y es que todo tiende a converger, con seguridad en unos años no habrá más un mundo OCDE y un mundo FATCA, habrá un solo mundo y, nos guste mucho o nos guste poco, la noción de operar dentro de ciertas normas de responsabilidad y transparencia se va a imponer. Vamos a tener que ser necesariamente sujetos fiscales de algún lugar. Parece una definición muy simple, pero no está tan incorporada en la mentalidad del ser humano, es decir, vamos  a tener que pagar nuestros impuestos en algún lugar. Podremos elegir dónde hacerlo. Pero lo que no vamos a poder elegir es no hacerlo. Esto marca normas de convivencia distintas y también define una manera de proceder en el cuidado de nuestra organización para poder adaptarnos a este cambio que va a ser realmente muy relevante.

En un momento determinado de este año, previo a la nueva asamblea que se realizó hace pocos días, tuvimos en mente aplicar una exigencia para determinado nivel de nuestra empresa que sería equivalente a adherir a título personal un esquema de tax compliance manifiesta absolutamente transparente, que quienes integran los directorios o cuadros de administración superior de la compañía estén dispuestos, cuando se les requiera, a hacer un disclosure de toda su información financiera y aceptar que están respetando todas las normas que la OCDE fija al respecto.

Creo que, en el caso nuestro, vamos a estudiar más a fondo el tema, para no generar sobre esto una controversia, pero me da la impresión de que este tipo de adhesiones va a tener que ser necesaria, sobre todo en las empresas que acuden al mercado de capitales y quieren mostrar su honorabilidad a la hora de trabajar.

En cuanto a lo que tiene que ver con el balance social, es algo a lo que, en nuestro caso, le asignamos una importancia fundamental a futuro. Es algo que está expresamente mencionado dentro del gobierno societario. Esto se relaciona muy directamente con un fenómeno que cada vez se observa con más intensidad: una tremenda concentración de la riqueza. El mundo ha ido, en los últimos siglos y muy particularmente en los últimos años, a un fenómeno de concentración de riqueza que genera, más allá de problemas de desigualdad, reclamos sociales muy fuertes y poco deseables.

En este aspecto la obligación de las compañías no es solamente adherir a las políticas de gobierno que tratarán de ir corrigiendo esta inequidad o de corregir la tendencia de mejorar el rumbo; también tenemos que ser actores. Desde nuestros lugares, vamos a tener que pensar la forma de revertir esto, porque si esto no lo llevamos a nivel de la dirigencia tanto política como empresaria, nos va a revertir a nosotros. El cambio social nos va a pasar por encima.

Como es un tema expresamente mencionado dentro de la norma de gobierno corporativo, me pareció importante rescatarlo, porque es el caballo donde no solamente nos vamos a tener que montar nosotros; se van a tener que montar a nuestros hijos en un futuro muy cercano.

Muchas gracias.