“No puede sostenerse una gestión política sin eficacia. Y, para mostrar cambios a lo largo del tiempo, sobre todo en el estado, donde para cambiar las cosas cuesta bastante, se requieren virtudes técnicas o estar rodeado de un equipo técnico bueno. Y lo mismo del otro lado: vamos a ver fracasar gente con muchos pergaminos, con mucho éxito en el sector privado, pero que quizás no entienda la regla de juego del sector público y del ambiente político en general”.

Buenos días a todos, muchas gracias al IGEP. Estoy en el cuerpo docente del IGEP desde hace varios años. Lo que van a ver es una persona preocupada por el resfrío que tengo y cuántas Carilinas me quedan. Y lo digo porque estamos hablando de gobernanza, palabra que me parece espantosa, pero reglas de gobierno corporativo, para usar otro anglicismo, como humildes mortales que somos, en definitiva, estamos sujetos a las tentaciones y a las miserabilidades que el ser humano tiene. Así que por eso es tan importante y tan obvio que el mundo ha ido avanzando hacia la regularización y profesionalización de toda esta actividad. Sobre todo cuando se trata de entidades que manejan fondos de terceros, como empresas cotizantes o entidades financieras.

Tuve varias experiencias de haber pasado por procesos de nominación para ir al directorio de entidades públicas. Primero, dos veces como vicepresidente del Banco de la Ciudad de Buenos Aires y, más recientemente, como presidente del Banco de la Provincia.

Lo primero que les quiero decir, aunque Alejandro Marchionna me aliente a mencionar el concepto de empresa pública, es que acá tenemos dos temas, empresas públicas y bancos, por el otro. Dentro de bancos, la especie o subespecie de banco público, que también tiene sus particularidades, porque incluso la norma del Banco Central establece algunos distingos.

Así que veamos muy rápido algunas diferencias. En el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, agente financiero de la jurisdicción porteña, el proceso es el siguiente: el Jefe de Gobierno o Intendente le propone a la Legislatura un Directorio. La Legislatura tiene un proceso normado, donde se publican los antecedentes, salen solicitadas en los diarios y se convoca al público a opinar, adherir, impugnar o hacer preguntas.

Después de ese proceso de 30 días, se cita a los postulados a una reunión en un salón, típicamente el salón Eva Perón de la Legislatura porteña. Hay una mesa con los miembros de la Comisión que creo que se llama Junta Ética. En la Legislatura, los candidatos tienen que exponer y están sujetos a preguntas y respuestas. Obviamente el proceso está muy determinado por las mayorías políticas, los acuerdos políticos. Pero, es una ocasión donde, si alguno en sus antecedentes tiene una piedra importante, va a aparecer y algún diputado se lo va a marcar. Podrán aprobar algún director que, después, en la época de Aníbal Ibarra, el propio Jefe de Gobierno lo retiró ante los cuestionamientos públicos que se habían presentado. Con mayoría especial vota la legislatura y después refrenda por decreto el intendente municipal y uno se hace cargo del directorio con comunicación al Banco Central que también tiene un proceso que después relato.

En el Banco de la Provincia también tuve un proceso especial, naturalmente también se presentan declaraciones juradas, sobre todo de tipo patrimonial y otros antecedentes. En el Banco de la Provincia, el proceso es parecido pero no tiene expresamente normado este tema de la audiencia y un mecanismo tan nítido de impugnación. Esto no impide que quien siga el tema parlamentario podría acercarse a la Comisión e impugnar y demás, pero la verdad que al no tener plazos claros y una publicidad tan categórica y una jornada parlamentaria específica en la que se analiza el tema, yo noté que este tercer proceso, el de la Provincia, tuvo menos visibilidad y menos debate. Creo que no es del todo positivo: es mejor el proceso donde hay mayor oportunidad de cuestionamiento.

Es interesante cuando se vota, porque no todos los directores sacan la misma cantidad de votos. En el caso de la Provincia, imagínense que se cambiaron las autoridades nacionales y provinciales el 10 de diciembre. Las autoridades del Banco debieron transcurrir todo ese proceso después y estaba hasta la incertidumbre del presidente anterior, Gustavo Marangoni, que tenía el ticket de las vacaciones y no sabía si se iba o no se iba.

Inevitablemente, en un sistema parlamentario o en el caso argentino, que es presidencialista pero donde el actual oficialismo no tiene mayoría en las Cámaras, hay un debate político sobre la cuestión. A mí me votaron en la madrugada del 30 de diciembre por unanimidad y al resto de los directores no los votaron, porque no había acuerdos políticos, no respecto a la composición del Banco, sino que por otros temas de la agenda parlamentaria. Fuimos por etapas, el 31 de diciembre pasé a saludar por el Banco y el 2 de enero empecé mis funciones y el resto de mis colegas vinieron unas dos semanas después.

Además, hay otra diferencia. Mientras que la ley de la Ciudad de Buenos Aires está redactada de manera tal que se interpreta que ante el cambio de autoridad política, cambia enteramente el directorio, la Ley Provincial establece una renovación parcial de acuerdo a las sesiones parlamentarias. Es decir, cada dos años, cambian las integraciones y cambia la mitad del directorio. Pero claro, también juegan otras realidades políticas, así que un director fue al Banco de Córdoba, otro renunció por motivos políticos, así que renovamos siete directores de nueve.

A poco de transcurrir hubo otra licitud parlamentaria y los dos directores que habían quedado fueron reemplazados por dos directores nuevos. Se alteró lo que normalmente venía sucediendo, que era una renovación parcial.

En cambio en el Banco de la Nación Argentina, el Banco más grande del sistema, el Presidente nombró a los funcionarios por decreto. Lo mismo entiendo que es el caso del BICE. Así que a mí me pasó en los primeros meses que tenía reclamo de las entidades rurales que añoraban una época donde era muy común que hubiera algún ruralista en el directorio del Banco de la Provincia y yo, medio en chiste y medio serio, les decía que vayan al Senado y que vean cuántos votos tienen ahí. Esto es inherente al proceso de nominación, si el proceso requiere mayorías calificadas en un Parlamento. Y las representaciones sectoriales, de las que yo no estoy ni a favor ni en contra, hay veces que son positivas, a veces tiran más para el sector que para el bien común, solo van a encontrar presencia en la medida que la mayoría política que se determinan crean que ése es el perfil que hay que nombrar.

Sumado a todo esto, el Banco de la Provincia de Buenos Aires tiene un status constitucional único, porque la Provincia de Buenos Aires, al integrarse a la Nación, hizo un acuerdo, el Pacto de San José de Flores, por el cual se reservó facultades de legislación y jurisdicción sobre sus empresas. Así que todo este proceso también tiene ese paraguas medio particular y lo digo por el segundo aspecto normativo dirigido a la transparencia.

El Banco Central, al conjunto de entidades financieras, sean públicas o privadas, ha regulado la Comunicación A 4499 (Regímenes Informativos “Antecedentes Personales de Autoridades de las Entidades Financieras” y “Evaluación de Autoridades de las Entidades Financieras") que las obliga a presentar antecedentes, requisitos de idoneidad, requisitos de, por ejemplo, en algunos comités de auditoría, tener una mayoría de directores independientes. Eso se cruza con las prerrogativas del Banco y parece bastante difícil que el BCRA le diga a la Provincia de Buenos Aires, con la mayoría unánime del Senado provincial, “no estoy de acuerdo con el perfil que votaste, no es el que me gusta y te bocho un candidato”.

Pero la verdad que el Banco Central se ha endurecido en los últimos años. Incluso respecto al Banco Provincia, han hecho comentarios motivados en la orfandad de documentación que la propia entidad había enviado, digamos que tenía un punto el Banco Central porque algunos méritos de algunos directores no estaban debidamente reflejados en la documentación que se le enviaba. Esa tensión tan difícil de un mundo que va hacia mayores requisitos de idoneidad y pautas más objetivas y entidades públicas donde, nos guste o no, consideraciones de tipo político, léase conformar mayorías, también juega un peso.

Veamos por ejemplo los cambios que tuve en mi propio directorio este año, sin entrar en camisa de once varas, porque no me corresponde a mí juzgar las valoraciones del Congreso provincial. En ese cambio, por ejemplo, ahora hay una mujer en el directorio que antes no había. Entonces, más allá de que creo que es positivo ir rotando por ciclo de dos años y que no se vaya todo el mundo, claramente hoy tenemos un avance en la diversidad que antes no estaba. Hoy tengo nueve directores, cuatro que son ex intendentes, todos profesionales. El Banco es el agente financiero de los 135 municipios de la Provincia de Buenos Aires. Sería muy positivo que supieran mucho de cajeros automáticos, del régimen de sistemas de acreencia de comercio, de medios de pago, riesgos sistémicos, pero no es irrelevante la visión del intendente.

Si le preguntás a un intendente de la Provincia, casi todos los jueves y viernes estoy visitándolos. Ellos en alguna medida se sienten accionistas del Banco. En el sentido americano, son accionistas. Nuestro dueño es el Estado Provincial, pero andá a decirle a un intendente, sobre todo de una localidad del interior provincial, que él es totalmente ajeno al servicio que brinda el Banco de la Provincia, cuando ejecuta todo su presupuesto a través de esta entidad. Tiene las cuentas sueldo, proveedores y si hay problemas de calidad de servicio le estalla en la cara tanto a ellos como a mí; encima, ellos están más cerca.

En estas entidades públicas hay un esquema no del todo transparente pero con algún grado de eficacia de control, que es la presencia de este juego político. Como entonces las más de las veces hay representantes de minorías políticas en estas entidades, hay un juego de frenos y contrapesos implícito. Y, además, tienen típicamente bastante peso las condiciones gremiales externas. En la Ciudad, permanentemente es atosigado de pedidos de información de distinto tipo de ONG’s que parecían alimentados por alguien, sectores políticos, nuestros propios directores de minoría, de proveedores disconformes y había toda una actividad de dar esa información, te revisaban las costillas, te venían varios expedientes de compras que creo que en buena medida termina siendo positivo: todo el mundo sabe que uno está siendo bastante más mirado que lo que desde afuera parece. Además, hay un “radio pasillo” bastante importante en estas entidades: “que la licitación tal cosa, que la promoción de tal persona”. Ese “radio pasillo”, con todas las distorsiones que tiene y todos los grados de bajeza que puede tener, está lleno de anónimos y esas cosas, pero también significa que uno tiene que actuar sabiendo que todo lo que se hace se termina conociendo.

El Banco Central, hace un tiempo, dictó normas para el buen gobierno societario y todas las entidades tenemos hoy un código de gobierno societario. Eso no es lo único: tenemos normativas sobre el gobierno societario en la propia Carta Orgánica, que es Ley Provincial, el Estatuto para el personal, hay un reglamento de disciplina, hay un reglamento de contrataciones, hay un código de ética, además de políticas específicas de conflictos de intereses, bajo una figura de la CNV. Es una batería bastante amplia. Normas no nos faltan.

Hablaron de compliance recién. Los bancos también hemos creado el área de compliance en los últimos años. Se está avanzando mucho hacia eso y un tema muy significativo es que el Banco Central cambió mucho desde que yo empecé como director de un banco público, en febrero de 2008. Las exigencias de integración y compromiso son mucho mayores. Realmente, fiscalizan la conducta de tus directores en los comité de auditoría, en el Ciudad en un momento nos bajaron la nota y la baja de calificación te acarrea, en el viejo régimen, porque ahora cambió, la imposibilidad de abrir sucursales. Así que el monitoreo es importante y realmente el Central, que tiene muy buen nivel técnico para supervisar las actividades de lavado de dinero, auditoría, riesgo y, por supuesto, los temas más troncales, financieros y sistemas, pero siempre con la exigencia de que haya por lo menos dos directores involucrados. En lavado de dinero en particular, que también un director sea oficial de cumplimiento, asumiendo las obligaciones que típicamente estaban solo en cabeza de un gerente, al exigir que el oficial de cumplimiento tenga nivel de director, aun en un esquema medio bicéfalo, donde tiene más peso el oficial de cumplimiento director que el gerente, en el caso de sumario van los dos marche preso.

Un tema que creo que es - una reflexión significativa – dado mi rol, yo vivo recibiendo currículum. Si alguien viene del sector privado pone, a veces hasta aburrido por la extensión, cursos que hizo alguna vez en la vida. Cuando estudié en Estados Unidos, me enseñaron a que todo debe entrar en una página y yo trato de ver rápidamente si tiene título universitario o posgrado y los detalles los veo poco. Pero, ¿por qué digo esto? En entidades donde tenés presencia de gente que viene de la política, pareciera que hay una cultura donde el político no puede reconocer su ignorancia. En el mundo en el que hoy vivimos, la verdad que ninguno de nosotros sabe todo y lo que sé hoy no me va a servir dentro de cuatro o cinco años. Desde que yo soy director de un banco, no había banca mobile. El Ciudad sí lo hacía, llevaba un año y medio haciéndolo, hoy es inconcebible. Tenemos en provincia 1.000.000 de clientes.

Hay que asumir la capacitación como una necesidad y una obligación permanente y creo que además nos hace mucho más llanos y nos pone en una posición mucho más horizontal. Quizás yo sé de este aspecto de mi entidad, de éste no sé y, bueno, me voy a hacer un curso al respecto, e inclusive para los directores es muy importante. De hecho, el Banco Central ha impuesto obligaciones de capacitación. Yo me acuerdo en el Ciudad tuve capacitación de lavado de dinero, de riesgo, de NIIFs, que fue muy aburrido siendo yo abogado y no contador de origen, firmamos una planilla con asistencia y en algún caso había una evaluación. Hay normas de autoevaluación.

Entiendo que el Banco Central empezó a discutir dado este desafío de cómo hacés para condicionar a los sectores políticos en la designación de directores de banco de alguna manera, ya que es muy difícil en términos políticos bloquear un nombramiento, elevar el piso y el director que esté recién llegado tenga que pasar por una serie de capacitaciones, procesos y exámenes. Creo que vamos a ir viendo mucho de esto en los próximos años.

Esto no es una moda pasajera, el mundo va para este lado y además, en términos norteamericanos, esto es real money. Hace poco encargamos calificaciones de riesgo, porque estamos viendo si nos asomamos al mercado de capitales, y en la mejora de la calificación del banco que hizo Fix, que nos pasó a plus, expresamente valora en los argumentos la mejora en el management y la ponderación positiva que se efectúa.

Debo suponer, como han dicho mis colegas que están en entidades que cotizan en los mercados bursátiles, que el inversor o el mercado valora esto y que en algún punto uno termina pagando menor tasa de interés o algunos puntitos menos, teniendo más facilidades de acceso el que tiene prácticas de gobierno societario más transparentes que el que no las tiene. El mercado está cada vez más mirando y esto significa plata y por lo tanto, un mejor pronóstico para una entidad o no.

Imagínense que se da el caso que en una empresa pública los directores tienen poco compromiso, hasta cuestionable idoneidad. Sería negativo, golpearía la marcha de la entidad, condicionaría la estrategia, podría estar un poco sin rumbo. Pero hay otro costado, estas entidades tienen lo que llamamos la línea. Típicamente gente que tiene una larga carrera en la entidad, a veces a nivel gerencial 25 – 30 años, y yo creo que hay un juego donde el directorio es más flojo, la línea tiene un potencial de tener más poder de decisión que donde el directorio tiene más idoneidad en la materia específica. Esto que digo vale para Aerolíneas Argentinas, para el Banco de la Provincia, para cualquier tipo de empresa pública. Entonces, me parece que hay un desafío de la política nacional de ir formando cuadros. Creo que la continuidad y la alternancia democrática van a ir permitiendo ese mundo donde quizás alguien estuvo en una entidad a los 27 años, a los 34 años y vuelve en un cargo a los 40 o a los 50. Hay un cursus honorum que va a permitir un equilibrio más sano. Entonces el debate de los directores con los gerentes va a partir de una base común de idoneidad y conocimiento que es mucho más rico que si son dos sectores con una base muy disímil de conocimiento. Quiero remarcar este tema: en los bancos públicos en particular las líneas tienen sus anticuerpos, por así decirlo, y donde ve que hay patinadas y problemas, le pone el pecho y salen en defensa de le entidad.

En definitiva ahora está de moda esto de la CEOcracia. En mi propio partido político, que tenemos tanta gente, es minoría. Decía una nota, como si fuera algo grave, que el 30, 35% de los funcionarios son CEO de empresas. Pero, bueno, 65, 70% entonces no lo son, así que sigamos con los pies en la tierra. Acá hay procedencia de lo más disímil, lo que creo que es muy bueno.

Mi visión, a esta altura del campeonato, en esta distinción entre tecnócrata y político, es que está totalmente exagerada. La sociedad quiere eficacia. Si vemos el gobierno anterior, el ciclo que terminó el 10 de diciembre, algunos ministros se fueron con valoración razonablemente alta, muchos intendentes, incluso oficialistas, fueron reelectos. Uno critica el sistema electoral, algunos vicios del sistema político local. Pero la sociedad está constantemente premiando a aquel dirigente que muestra eficacia. La eficacia va de la mano de la capacidad de gestión. No puede sostenerse una gestión sin eficacia. Y, para mostrar cambios a lo largo del tiempo, sobre todo en el estado, donde para cambiar las cosas cuesta bastante, se requieren virtudes técnicas o estar rodeado de un equipo técnico bueno.

Y lo mismo del otro lado: vamos a ver fracasar gente con muchos pergaminos, con mucho éxito en el sector privado, pero que quizás no entienda la regla de juego del sector público y del ambiente político en general. Una metáfora futbolística: acá hay que pegarle con las dos piernas, hay que tener cierto nivel técnico y hay que tener cierta lectura política para interpretar qué batallas uno da, con qué ritmo uno avanza y qué consensos uno genera. Todo esto juega y creo que la sociedad va a ser cada vez más exigente en esto y va a quedar muy expuesto y se va a notar cuando los elencos sean chapuceros.

Cierro acá para darle un rol estelar a Alejandro Marchionna.