Por Santiago Gallichio, presidente del IGEP

2025: la geopolítica se situó en el centro de la mesa de los directorios. Nuevas discusiones y temáticas, esta vez, arrojadas una tras otra por el nuevo líder del máximo poder global, los EE.UU., otrora fuente de estabilidad, quien se siente cómodo pateando todos los tableros al mismo tiempo.

La geopolítica, junto con la ineludible IA, fueron las vedettes del año 25. La reunión del GNDI en Singapur, así como la del IBGC y nuestra propia Convención Anual, todas ellas dieron cuenta de estas temáticas, como otras tantas reuniones y seminarios. Los directores tenían que volver a meterse de lleno en la política, como nunca en décadas.

2026: no sucedió otra cosa más que profundizarse esta tendencia. Y ya se comenzó a generar un verdadero empacho de geopolítica, algo que los directores no damos abasto de digerir. Para llamar aún más la atención, si hiciera falta, nos empiezan a recordar que estamos en algo similar a la llamada “crisis del petróleo” de los ’70, una crisis que, en mi humilde opinión, tuvo tanto o más de crisis de sobreabundancia de dólares que de conflicto en Medio Oriente. Esta vez, en cambio, el petróleo sube de precio porque el 20% de su oferta colapsó de repente con final ¿incierto? Veremos, tal vez, no. Pero si es “sí”, es un problema de altas proporciones.

¿Qué más nos deparará este nuevo orden global? ¿Qué hacemos con nuestras empresas, en este contexto? ¿Acaso se puede seguir hablando de “orden” y “contexto” cuando sólo vislumbramos cambios en sucesión infinita? ¿O más bien estamos frente a una lluvia de meteoritos?

Para aquellos directores que gustan de la política, la situación empezó interesante. Pero para muchos ya se está tornando, más que interesante, preocupante. Lo que más afecta de este “contexto” es su volatilidad: nada dura más que un rato y ya debemos adaptarnos a algo nuevo. Y esto hace que cualquier plan parezca destinado al fracaso. No es que los argentinos no sepamos manejarnos de este modo, pero justamente estábamos queriendo ir a otro contexto… y el mundo se convierte en lo que queríamos dejar atrás.

En esta instancia, hay una frase que para mí refleja una buena manera de encarar estos escenarios: dejar de pensar en conseguir soluciones para problemas, los que se multiplican y burlan cualquier raciocinio nuestro, y conformarnos con encontrar buenas respuestas ante las situaciones que enfrentamos. Por aquello de que los planes de los humanos son el divertimento de los dioses. Pero lo cierto es que alguien tiene que dar una respuesta y los directores somos ese mismísimo alguien: ¿quién, si no?

Daremos la mejor respuesta que encontremos. Ante nuevos cambios, volveremos a dar la mejor respuesta a la situación que encontremos. En última instancia, dirigir es siempre eso. A veces, se nota menos esta “precariedad” que los directores solemos asumir con cara de poker frente al resto de la organización que busca un norte, pero es solo porque las situaciones cambian menos a menudo y nuestras estrategias (si son acertadas) llegan a rendir sus frutos. Pero no hay que cejar en el esfuerzo de dar nuestras mejores respuestas todas y cada una de las veces en que las situaciones vuelven a cambiar. Lo que nunca debemos hacer es cansarnos de dar nuevas respuestas ante nuevas situaciones. Ese día, si llegase, estaríamos siendo negligentes y deberíamos renunciar. Mientras tanto, como diría Tato Bores: “Good show!”—

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