Por Alejandro Marchionna Faré, Secretario y Director Académico del IGEP
El reciente workshop 1 de la camada XXXVI del programa DEP, que tuvo lugar el sábado 9 de mayo, me provocó distintas reflexiones que quisiera compartir con los lectores de este newsletter. Después de todo, van casi 70 ocasiones en que se ha utilizado este método de aprendizaje en nuestro programa enseña.
La primera es el enorme poder que tiene la discusión de casos en la formación de quienes toman decisiones en las empresas. El DEP los utiliza en distintos momentos del programa pero este es el ejemplo paradigmático de su uso. Disponer de información amplia y abarcativa sobre todo lo relacionado con una situación que enfrenta un Directorio es la mejor manera de aproximarse a la data con la que un director debe sentarse en una reunión. Corolario: la preparación en detalle y profundidad resulta esencial para poder ubicarse en la reunión y rendir al máximo en el Directorio.
Otra observación: con tantas ediciones del taller (y la mayor parte con dos reuniones corriendo en paralelo), resulta fascinante comprobar la enorme variedad de caminos que siguen las deliberaciones que encarna cada grupo, el grado de cobertura de los temas que propone la agenda y las decisiones a las que se llegan. Diversidad que sólo es posible gracias a que estamos trabajando con personas humanas, no con simulaciones basadas en algoritmos que podrían reducir el factor sorpresa para participantes y para observadores.
Tercera conclusión: estos ejercicios ayudan a percibir las tremendas dificultades de trabajar en un equipo diverso con individuos que inicialmente tienen intereses claramente divergentes. Y sobre todo de la importancia que tiene resignar objetivos personales para converger hacia el interés común de los buenos directores, que debe ser el interés societario de la empresa.
Quizás la reflexión más importante es que no hay ninguna formación más efectiva para la actuación en un Directorio que participar en una reunión con un rol asignado. Vivir el rol de director en un contexto académico permite entrenar los hábitos y reflejos necesarios para un buen desempeño. Equivocarse en un entorno sin penalidades. Observar cómo juegan otros estas verdaderas partidas simultáneas y colectivas de ajedrez. Fijarse objetivos de mejora personal.
Pienso que el caso que usamos en nuestros workshops del DEP es una verdadera obra de teatro. Los protagonistas reciben un libreto o guión y todo está preparado para que haya algún grado de confrontación para que cada participante alcance objetivos personales. Pero cada actor interpreta a Shakespeare con su impronta personal. Y por lo tanto, la obra resulta tanto o más apasionante en los primeros talleres que observamos en 2006 (fecha de inicio del DEP) que como resultan las reuniones que nos toca presenciar veinte años después.
Los talleres son la ventaja esencial de cursar el programa DEP. Son un desafío post programa para sus graduados, que pueden volver como invitados a los talleres. También un futuro perfeccionamiento para aquellos graduados que quieran la revancha más allá del workshop 2.